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20 noviembre, 2017 / Oblatas
PUERTO RICO A 58 DÍAS DEL AZOTE DEL HURACÁN MARÍA

Estos días hemos hablado con Bethlehem Olmilla, hermana oblata en Puerto Rico, para que nos hable de la situación que sigue atravesando el país tras el desastre que dejó a su paso el huracán María, cuando golpeó la isla hace unas semanas .

Así nos relatan la realidad actual de Puerto Rico nuestras hermanas en la isla:

“A 58 días del paso del huracán María, podemos decir que la situación en Puerto Rico ha mejorado, después de que todos los sistemas colapsaron. Según estadísticas publicadas en la página web del gobierno hasta el día de hoy (www.status.pr), aproximadamente el 43% de la población en la Isla tiene Energía Eléctrica (EE), y el 91% agua potable. La mayoría de áreas con servicios de EE y agua se encuentran en la zona metropolitana, por lo tanto, en la Isla, según se dice, aún hay lugares incomunicados y carentes de los suministros más esenciales.

Alrededor del 98% de los hospitales y del 89% de los supermercados están en funcionamiento. El 84% del sistema bancario y 85% de gasolineras se encuentran en operaciones regulares y el 71% del sistema de telecomunicaciones ha sido restaurado. Todos los puertos marítimos y aeropuertos de la Isla están operando, sin embargo, solamente 57% de las carreteras están en condiciones para el transporte. Desafortunadamente, todavía hay 1,900 refugiados en 51 refugios en toda la Isla. La mayoría de ellos no tienen a dónde ir porque perdieron todo.
Las cifras que nos da el sistema del Gobierno sobre el restablecimiento de servicios son alentadoras, pero en la realidad no se constata igual pues aún hay un alto porcentaje del país sin mejorar. Además, las reparaciones de los sistemas no son estables, y se colapsan constantemente volviendo en algunos sectores, como es el sistema de EE y comunicaciones, casi al inicio.

Hasta hoy hemos vivido 58 días sin electricidad, en los cuales disfrutamos la luz natural del día y usamos linternas y generadores portátiles en las primeras horas de la noche para darnos suficiente iluminación durante la cena y tiempo de recreación en la comunidad. Aunque nuestra capacidad de adaptación es grande, la situación resulta difícil, especialmente cuando hay que realizar trabajos que requieren del uso de aparatos electrónicos, computadoras y conexión a internet. Durante las primeras semanas fue una lucha grande para conseguir alimentos porque todos los productos de necesidad básica estaban racionados y había que hacer largas filas para entrar a los supermercados. Lo mismo para conseguir otros suministros esenciales, tuvimos que invertir horas y horas para conseguirlos.
La prensa nos dice que alrededor de 250,000 puertorriqueños están en peligro de perder sus trabajos porque la mayoría de las pequeñas y medianas empresas de la Isla han cerrado o están cerrando a causa de la falta de la electricidad. El gobierno ha estimado que más de 100,000 puertorriqueños se fueron a los Estados Unidos y muchos seguirán emigrando si la situación continúa como esta. Otra situación preocupante es el aumento de las enfermedades mentales en la Isla provocadas por el desempleo, la pobreza y la separación familiar en aquellos que tienen que abandonar la Isla para buscar empleo en el exterior.

Ante un costo estimado de $95 mil millones de dólares, la mayoría de los líderes puertorriqueños dicen que no se ha recibido suficiente ayuda del gobierno federal y estatal. El gobernador y su gabinete están pidiendo mayor apoyo económico en el Congreso de los Estados Unidos para restablecer la Isla. Por otro lado, cabe señalar que algunas empresas privadas, organizaciones, ONGs e incluso celebridades locales e internacionales han organizado campañas para recaudar fondos, sobre todo para los damnificados. Embarcaciones, toneladas de suministros de primera necesidad han llegado durante las primeras semanas después del huracán, lo cual se agradece. Confiamos en que los apoyos sean suficientes para la recuperación, porque los daños son grandes en todas las áreas: La naturaleza, EE, AAA, comunicaciones, vivienda, agricultura, lechería, comercio, educación, servicios sociales… todo ello tienen su impacto en el pueblo, sobre todo en el más vulnerable.

En las comunidades y proyectos de Oblatas trabajar sin electricidad y sin agua ha supuesto muchos esfuerzos y limitaciones a las hermanas y equipos de los proyectos. Si bien las condiciones son incómodas, esto no impidió continuar brindado los servicios adecuados a adolescentes y mujeres en las dos casas-hogar. La misión continúa porque la luz interior nunca se ha extinguido. Y aunque las tres comunidades de oblatas están ubicadas en distintas zonas del área metropolitana todavía no gozamos del servicio de electricidad. Seguimos a la espera de recuperarla.

La realidad de Puerto Rico antes de impacto de María ya era complicada porque se venía luchando con las dificultades económicas por una deuda fiscal de $72 mil millones, lo que suponía al país grandes ajustes. Por lo tanto los efectos del huracán empeoraron la situación. Es por ello que nadie sabe realmente cuánto tiempo se necesita para que la Isla se recupere. Como pueblo, creemos que la recuperación llevaría años si todos aportamos a ese fin, así como la eficiencia de nuestros líderes en la sana gestión de sus recursos y apoyos recibidos”

 

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