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24 noviembre, 2016 / Oblatas
Rosamary Suárez, osr en Guatemala.

Mexicana de nacimiento, Rosamari Suárez lleva 11 años trabajando en Guatemala, en los proyectos que la congregación de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor tiene en la capital y en Ayutla, una localidad situada en la provincia de San Marcos, junto a la frontera con México.

La comunidad de Guatemala consta de 5 hermanas que se dividen entre estas dos localidades. En Ayutla, además, se encuentra un “equipo de misión” que acompañan e instruyen. Actualmente, la congregación desarrolla 6 proyectos enfocados a dignificar la vida de las mujeres que ejercen la prostitución en estas zonas.

Los 6 proyectos que tiene la congregación en Guatemala se pueden resumir de la siguiente manera:

– Proyecto psicosocial, situado en ambas localidades.
– Proyecto para luchar contra la trata, llevado a cabo en la capital del país junto con otros miembros de vida religiosa.
– El proyecto Dorca. talleres productivos, para que las chicas sean auto sostenibles, se les enseña a realizar artesanía, bisutería u otros objetos que puedan luego vender.
– Programa de seguimiento y acompañamiento a aquellas mujeres que están en proceso de salir de la prostitución.
– Albergue de asistencia en la frontera, especialmente creado para atender a mujeres en situaciones límite.
– Academia Madre Antonia, también situado en Ayutla, donde se imparten talleres y cursos de capacitación laboral.

Según nos comenta Rosamari, la gran mayoría de estas chicas con migrantes, de entre 16 y 17 años de edad, de ahí la importancia de la labor que realizan en la frontera con México. Uno de los principales problemas que la religiosa detecta en la zona es que las chicas cada vez son mayores en número y menores en edad.

A nivel social, la principal dificultad con la que se topan las hermanas oblatas es la manera en la que este tema se está naturalizando, aceptando en la sociedad guatemalteca. Se empieza a ver como algo normal que haya menores que ejerzan la prostitución, e incluso que las maten. Las propias chicas ven como algo normal esta situación, ya que muchas veces la misma familia es la que empuja a ello.

Pero Rosamari no pierde la esperanza, ella sabe que Dios está presente en esta realidad. Sabe que, aunque muchas veces la situación parezca imposible y nada tenga sentido, siempre aparecerá una mujer que les dé las gracias por la labor que hacen. Y sólo por eso, habrá merecido la pena el esfuerzo.

 

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