Ciempozuelos

Con la disponibilidad de Antonia de Oviedo, la intuición de Serra se redimensiona. Sin dilación porque la causa lo requiere se movilizan las sinergias, se redoblan los esfuerzos y ambos con el sueño imposible, hecho realidad en sus manos, se entregan afanosamente a crear un hogar cálido y luminoso como el mediodía. Con una mesa tupida de relación, encuentro y fi esta. En Ciempozuelos, lugar próximo a Madrid se abren las puertas de la casa un día de junio de 1864. Se inicia un camino cuajado de empeños por mostrar y ofrecer el rostro alegre de la vida. Un camino colmado de horizontes apuntando siempre amaneceres de color esperanza. Por su correspondencia y apuntes personales sabemos que llevan a la par la preparación de la casa, las licencias civiles y religiosas y la búsqueda de una institución de religiosas que llevara adelante el proyecto “ellas estarían al frente de las muchachas; yo me ocuparé de ordenar, fundar, etc. Y Monseñor Serra de lejos o de cerca dirigirá la casa” dice Antonia.

Ciempozuelos - Hermanas Oblatas

Luego, vendrían seis años de búsquedas, de ensayos, de intentos. La comunidad religiosa no permanecería más que dos años. Dificultades de todo tipo hacen presencia en aquel proyecto de Ciempozuelos. Eran los años que precedieron y siguieron a la revolución de septiembre de 1868, “la gloriosa”, llenos de escasez e inestabilidad política parecían que iban a dar al traste con aquel pequeño proyecto ideado y formulado desde el amor. En 1869 un incendio les reduce la casa a cenizas. Pero Serra se crece en la difi cultad. No se rinde. Su fuerza y su fe se sostienen en el Dios de Jesús que hace preferencia por los más pequeños e insignifi cantes.
Y en el entretanto, hay una inmensa alegría porque las mujeres se recuperan y miran a la vida de pie, de frente. Y encuentran la moneda perdida y la casa se llena y estalla de música y fiesta.
Eso le empuja a seguir luchando y anunciando buenas noticias.

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